Sobre mí

Me llamo Perla.

Soy actriz, regidora de escena, maestra, soñadora y romántica empedernida, devoradora de libros, hacedora de cosas con las manos, amante de la cocina, los animales, el chocolate, el café, el buen té, la sopa y los buenos amigos.

Me encanta soñar despierta y tocar la guitarra (cuando la puedo tocar y me hago tiempo para hacerlo dentro de mis 38 mil 999 cosas que hago). Tengo una necesidad extraña por hacer algo con el tiempo. O sea, no puedo estar solamente sentada, necesito hacer algo. Ese algo puede ser garabatear en un pedazo de papel, tejer una bufanda, hacer manualidades, coser mi ropa, planear mi día (aunque sé que nunca lo hago como lo planeé), organizar mi escritorio… entienden el punto. Lo que sea siempre y cuando me esté moviendo y no sienta que estoy perdiendo el tiempo.

Me encanta cantar. Voy por la vida cantándola. Si estoy muy de buenas empiezo a cantar lo que estoy haciendo. Es un poco vergonzoso para mí… y bastante entretenido para las personas que me rodean.

Por ahora estoy viviendo en Cardiff, Gales (la de Reino Unido, no España), mientras hago mi maestría en teatro. Si puedo, me planeo quedar a trabajar por acá un tiempo. Pero siempre con miras de volver a vivir a mi muy querido México.

Me encanta la música viejita. Mi mamá escucha todo el tiempo “el fonógrafo”, estación de radio conocida por su selección musical de la primera mitad del siglo XX, lo cual creo que me ha vuelto una persona un tanto diferente a los demás, que siempre es algo bueno. Crecí escuchando boleros y baladas románticas; de niña, mi disco favorito era un LP que tocaba todas las tardes en repetidas ocasiones titulado “Quinteto y cantantes de la marina” con selecciones como Juan el Pescador, La Barca de Guaymas, Margot, Brindis Marino, El barco de Jamaica, entre otras.

Mi segundo disco favorito, que tuve que conocer cuando de tanto escucharlo me escondieron el primero, fue una colección “de oro” de corridos de la revolución mexicana, también en LP. De esos discos, siempre escuchaba La Adelita, La tumba de Villa, Caballo Prieto Azabache, El corrido del caballo blanco, y Juan Charrasqueado.

Creo que mi selección musical infantil influenció en mí una patriótica, soñadora, imaginativa, semi-poética, inocente, melancólica personalidad que hasta la fecha me caracteriza.

Aún puedo cantar todas esas canciones. De memoria.

Creo que fue incluso el imaginarme todas las tardes que me deslizaba sobre las olas en un barco, o que me despedía de Margot en el puerto, que miraba a las estrellas sobre la proa de un navío, o que abordaba un tren con camino a las montañas a conocer a Villa, o seguir el recorrido del Caballo Blanco que salió un domingo de Guadalajara… en fin, todas esas, las que hicieron que poco a poco fuera forjándose en mí una necesidad de vivir más vidas que la mía propia.

Por eso leo. Por eso actúo. Por eso escribo.

Por eso estás aquí, leyendo mi innecesariamente larga introducción sobre mí misma.

Espero que te guste lo que escribo. Y si no… ‘pos! *dice mientras se encoge de hombros*

Ya le corto al choro.

Bienvenido seas… a mi mundo.

 

 

Una mirada al mundo que me rodea