Historia corta no 1

Siempre me es difícil empezar a escribir. Nunca sé cómo empezar, ni sobre qué temas. Ni qué será interesante, pero sólo sucede cuando me siento frente a la pantalla.

Durante todo el día, se me ocurren 37mil 500 cosas diferentes que escribir, pero cuando me siento frente a la pantalla es como si hubiera una blanquecina nube entre mi cerebro y mis dedos y no tengo idea de qué demonios será lo suficientemente interesante para escribir sobre ello.

En fin… hoy transcribo una historia corta que, si mal no recuerdo escribí en el autobús o en el avión de ida a México en las vacaciones pasadas… no tiene nombre por ahora.

Es bastante oscura, así es que no se asusten. Aquí va:

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Nunca debí haberlo hecho.

El tiempo se detiene súbitamente igual que cuando de niños un obstáculo impedía el avance de la llanta delantera de la bicicleta y desde el momento exacto en que la llanta se detenía hasta el impacto de las manos contra el pavimento, el tiempo se detienía, se hacía mucho más lento y uno tenía más que suficiente espacio para pensar la estupidez que acababa de cometer.

Debí haber virado el manubrio.
Debí haber frenado.
Debí usar casco.

Nunca debí haberlo hecho.

No es como si hubiera sido impactante, surgido de la nada. Se veía venir. Por lo menos yo lo veía venir, pero nunca lo mencioné, más que nada por el miedo constante a quedarme solo. Por la necesidad de su presencia a mi lado. La necesidad de ella.

De pronto, siento vívidamente la sensación de su piel rozando mis manos. Su mano en la mía, el olor de su cabello. Casi puedo olerlo, pero no. No. No es su olor. Lo que huelo es su olor favorito. Lluvia, tierra mojada.

Siento el impacto más que verlo venir. Demasiado perdido en mis cavilaciones como para prevenirlo y luego vuelo, suspendido en el aire.

-¿Cómo se sentirá volar?- Le pregunté una vez mientras la abrazaba.
– Como estar contigo- me contestó mientras se acurrucaba en mis brazos.

Falso. Totalmente falso. Nada más falso que el enamoramiento. La sensación de superioridad, de inexorable protección, de dulce paz interior y exterior, de plenitud, de sentido existencial dura demasiado poco y en cambio queda el vacío de la expectativa que nunca se volvió realidad.

Más bien loa que le hice sentir fue la caída libre en picada; cuando los dos vimos venir el piso ya era demasiado tarde. Yo, adicto por completo a su presencia, dependiente de su mirada de aprobación, de cariño – ya no le puedo llamar amor-, a sus caricias matutinas, a ella. Ella, embarazada de un hombre al que ya ni siquiera podía soportar ¡Bonita pareja!

A partir de ahí, todo fue peor. Los gritos, las súplicas, las puertas azotadas, las lágrimas de rabia constantes, los pensamientos oscuros. ¡Ding, ding, ding! Ahí fue cuando empezaron los pensamientos oscuros, cuando ella empezó a alejarse, a bañarse tras una puerta cerrada, a dormir de espaldas a mí.

Nunca debí haberlo hecho.

Por lo menos no sabrá nada. No podría perdonarme si fuera así. Está profundamente dormida. Ni siquiera se enterará. Mañana la noticia se habrá difundido como pólvora y recibirá llamadas para comprobar que está bien. Ella no podrá…

¡Mierda! ¡Nunca me esperé que la gravedad jalara de esta manera; como una montaña rusa fuera de control!

Tengo la misma sensación en el estómago que sentía cuando la besaba, cuando la quería y ella me quería. La misma sensación que me hace pensar que he llegado a casa y por primera vez en meses, sé que todo va a estar bien.

Ella me dijo que había que cerrar ciclos. Por lo menos nuestro ciclo estará completamente cerrado. Nada quedará por decir ni por escribir. Se lo dije todo, todo. Y ella me escuchó. Me escuchó atentamente y sus ojos se abrieron como platos al escuchar mi plan.

-Tomaremos el carro y viajaremos a la playa. Llegaremos de noche y no habrá nadie; entonces nos meteremos al agua y nunca volveremos a salir. Dos pájaros de un tiro. Cerramos el ciclo y enfrentamos nuestros miedos- Ella el de morir y yo el de perderla.

¿Y nuestro pequeño?

Nunca debí haberlo hecho.

Se dormirá. Él… o ella… se dormirá y ya. Como su mamá.

Me dijo que se iba a ir; que me dejaba. Eso no es cerrar ciclos y yo sé que a ella le gusta cerrar ciclos. Yo sé y tengo la razón en esto.

Me pregunto si se podrán ver las estrellas bajo el agua. Si no…

Nunca debí haberlo hecho.

La parte que no entiendo es cómo se enteró la policía. Cuando iba manejando de pronto quisieron detenerme. No pude arriesgar que truncaran mi plan. Improvisé un poco y ahora es todo más espectacular.

Nunca debí haberlo hecho.

Claro que sí. Este era el único final posible, como Bonnie y Clyde, Romeo y Julieta; como las grandes historias de amor. Sólo que en vez de risco hay un puente… y… y ella no me ama.

Nunca debí haberlo hecho.

Veo el agua acercarse. Me pregunto si el impacto hará que el vidrio implosione. Intento subir las manos pero ya es demasiado tarde. Cientos de pequeñas y dolorosas cortadas me dicen que:

Nunca debí haberlo hecho.

Ella no sufrirá.

El agua comienza a taparme la cara.

Nunca debí haberlo hecho.

Cortadas en mi cara.

Nunca debí haberlo hecho.

El ciclo se cierra.

Nunca debí…

Cierro los ojos y dejo que nuestras vidas de extingan.

Nunca…

Oigo un grito ahogado desde la cajuela.

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