Category Archives: 30 días de escribir

Proyectos

Me paso la vida entre nubes de mis propias maquinaciones. No digo que sea algo malo, pero tampoco que sea algo bueno.

Vivo mi vida en futuro. Constantemente intentando ver más allá de mañana.; queriendo saltarme los pocos meses que me quedan y llegar a eso que espero. El problema es que así se va la vida. De pronto, sin darme cuenta, ya no solamente han pasado esos meses, esos días. Ya llegó y vino lo que quería y yo seguía viendo de frente. esperando algo más, algo mejor a la vuelta del camino.

Y súbitamente miro hacia atrás y me encuentro con que 5 años se me han ido. Cinco, como los dedos de mi mano; como los océanos del mundo; como los miembros de mi familia inmediata; como los años que se me han ido y no han de regresar.

Y entre tanto proyectar a futuro no acabo de llegar al presente que me llama constantemente a detenerme y mirar a mi alrededor; disfrutar la luz del sol a través de una ventana en pleno invierno; a terminar de leer ese libro que hace tres meses que empecé; a virvir el hoy por hoy intentando no preocuparme por mañana.

Pero ya llegó un mensaje, ya llegó un correo, ya salió uno nuevo de esos que quieres tener, de los que quieres lograr, de lo que quieres ganar. Y sale rapidamente mi mente disparada como liebre en cacería, en búsqueda de un nuevo proyecto, un nuevo rincón que llamar hogar para acurrucarse.

Tal vez algún día lo encuentre, ese sentimiento de bienestar forjado en mi propia seguridad y estabilidad, dejando atrás mi propia debilidad de seguir viendo adelante sin querer mirar atrás.

Tal vez algún día llegue. Tal vez algún día aprenda a vivir en el presente sin resbalar hacia el futuro cada segundo que pasa.

Incluso mientras escribo estas palabras, deseando algo que aún no soy, este ejercicio se vuelve redundante por necesidad.

Y me doy cuenta que tal vez es momento de aceptar que vivo por lo que puedo lograr, por lo que puedo alcanzar, por lo que quiero aún recordar que hice, por lo que aún me falta por vivir; que vivo por el deseo de mirar hacia atrás y darme cuenta de que todo lo que soñé se volvió realidad.

Tal vez entonces deje de soñar.

Por ahora, miro al frente y empiezo a caminar.

Historia corta no 1

Siempre me es difícil empezar a escribir. Nunca sé cómo empezar, ni sobre qué temas. Ni qué será interesante, pero sólo sucede cuando me siento frente a la pantalla.

Durante todo el día, se me ocurren 37mil 500 cosas diferentes que escribir, pero cuando me siento frente a la pantalla es como si hubiera una blanquecina nube entre mi cerebro y mis dedos y no tengo idea de qué demonios será lo suficientemente interesante para escribir sobre ello.

En fin… hoy transcribo una historia corta que, si mal no recuerdo escribí en el autobús o en el avión de ida a México en las vacaciones pasadas… no tiene nombre por ahora.

Es bastante oscura, así es que no se asusten. Aquí va:

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Nunca debí haberlo hecho.

El tiempo se detiene súbitamente igual que cuando de niños un obstáculo impedía el avance de la llanta delantera de la bicicleta y desde el momento exacto en que la llanta se detenía hasta el impacto de las manos contra el pavimento, el tiempo se detienía, se hacía mucho más lento y uno tenía más que suficiente espacio para pensar la estupidez que acababa de cometer.

Debí haber virado el manubrio.
Debí haber frenado.
Debí usar casco.

Nunca debí haberlo hecho.

No es como si hubiera sido impactante, surgido de la nada. Se veía venir. Por lo menos yo lo veía venir, pero nunca lo mencioné, más que nada por el miedo constante a quedarme solo. Por la necesidad de su presencia a mi lado. La necesidad de ella.

De pronto, siento vívidamente la sensación de su piel rozando mis manos. Su mano en la mía, el olor de su cabello. Casi puedo olerlo, pero no. No. No es su olor. Lo que huelo es su olor favorito. Lluvia, tierra mojada.

Siento el impacto más que verlo venir. Demasiado perdido en mis cavilaciones como para prevenirlo y luego vuelo, suspendido en el aire.

-¿Cómo se sentirá volar?- Le pregunté una vez mientras la abrazaba.
– Como estar contigo- me contestó mientras se acurrucaba en mis brazos.

Falso. Totalmente falso. Nada más falso que el enamoramiento. La sensación de superioridad, de inexorable protección, de dulce paz interior y exterior, de plenitud, de sentido existencial dura demasiado poco y en cambio queda el vacío de la expectativa que nunca se volvió realidad.

Más bien loa que le hice sentir fue la caída libre en picada; cuando los dos vimos venir el piso ya era demasiado tarde. Yo, adicto por completo a su presencia, dependiente de su mirada de aprobación, de cariño – ya no le puedo llamar amor-, a sus caricias matutinas, a ella. Ella, embarazada de un hombre al que ya ni siquiera podía soportar ¡Bonita pareja!

A partir de ahí, todo fue peor. Los gritos, las súplicas, las puertas azotadas, las lágrimas de rabia constantes, los pensamientos oscuros. ¡Ding, ding, ding! Ahí fue cuando empezaron los pensamientos oscuros, cuando ella empezó a alejarse, a bañarse tras una puerta cerrada, a dormir de espaldas a mí.

Nunca debí haberlo hecho.

Por lo menos no sabrá nada. No podría perdonarme si fuera así. Está profundamente dormida. Ni siquiera se enterará. Mañana la noticia se habrá difundido como pólvora y recibirá llamadas para comprobar que está bien. Ella no podrá…

¡Mierda! ¡Nunca me esperé que la gravedad jalara de esta manera; como una montaña rusa fuera de control!

Tengo la misma sensación en el estómago que sentía cuando la besaba, cuando la quería y ella me quería. La misma sensación que me hace pensar que he llegado a casa y por primera vez en meses, sé que todo va a estar bien.

Ella me dijo que había que cerrar ciclos. Por lo menos nuestro ciclo estará completamente cerrado. Nada quedará por decir ni por escribir. Se lo dije todo, todo. Y ella me escuchó. Me escuchó atentamente y sus ojos se abrieron como platos al escuchar mi plan.

-Tomaremos el carro y viajaremos a la playa. Llegaremos de noche y no habrá nadie; entonces nos meteremos al agua y nunca volveremos a salir. Dos pájaros de un tiro. Cerramos el ciclo y enfrentamos nuestros miedos- Ella el de morir y yo el de perderla.

¿Y nuestro pequeño?

Nunca debí haberlo hecho.

Se dormirá. Él… o ella… se dormirá y ya. Como su mamá.

Me dijo que se iba a ir; que me dejaba. Eso no es cerrar ciclos y yo sé que a ella le gusta cerrar ciclos. Yo sé y tengo la razón en esto.

Me pregunto si se podrán ver las estrellas bajo el agua. Si no…

Nunca debí haberlo hecho.

La parte que no entiendo es cómo se enteró la policía. Cuando iba manejando de pronto quisieron detenerme. No pude arriesgar que truncaran mi plan. Improvisé un poco y ahora es todo más espectacular.

Nunca debí haberlo hecho.

Claro que sí. Este era el único final posible, como Bonnie y Clyde, Romeo y Julieta; como las grandes historias de amor. Sólo que en vez de risco hay un puente… y… y ella no me ama.

Nunca debí haberlo hecho.

Veo el agua acercarse. Me pregunto si el impacto hará que el vidrio implosione. Intento subir las manos pero ya es demasiado tarde. Cientos de pequeñas y dolorosas cortadas me dicen que:

Nunca debí haberlo hecho.

Ella no sufrirá.

El agua comienza a taparme la cara.

Nunca debí haberlo hecho.

Cortadas en mi cara.

Nunca debí haberlo hecho.

El ciclo se cierra.

Nunca debí…

Cierro los ojos y dejo que nuestras vidas de extingan.

Nunca…

Oigo un grito ahogado desde la cajuela.

La inventable levedad del ser

Empecé a escribir nuevamente en una suerte de búsqueda, de redescubrimiento que me deja a menudo pensativa sobre quién quiero ser que tanto me busco.

Hoy tres personas diferentes, a petición mía, me dijeron lo que ellos consideraban mi mayor fortaleza y mi mayor debilidad (aún espero la respuesta de algunas otras personas). Los tres estuvieron de acuerdo que mi “dedicación” era mi mayor fortaleza, ese ímpetu que me lleva a comprometerme totalmente con algo. En pocas palabras, cuando agarro algo, no lo suelto. Quiero que salga bien, soy detallista, me meto en lo más profundo de eso que he decidido es mi nuevo “proyecto”. Sea lo que sea.

En cuanto a mi debilidad, irónicamente viene de la mano de mi fortaleza. Me dedico demasiado a ello, me anclo emocionalmente, lo cual hace que me estrese y que se me olvide que existe el mundo exterior.

Me parece curioso que los tres pensaran lo mismo. Lo que me parece aún más curioso es que yo no hubiera contestado eso. Me lleva a pensar que lo que uno ve de sí mismo no es necesariamente lo que los demás ven de uno mismo. Y entonces si ando siempre a la búsqueda de mí misma, de lo que me haga más feliz, más saludable, más centrada, más presente, más “inserte aquí cualquier adjetivo”, ¿estoy buscando en mí o hacia mí?

A lo que voy es que lo que yo proyecto no es lo que yo siento. Me gustaría poder ser más dedicada, tener más disciplina, ponerme un objetivo enfrente y no menguar hasta haber vencido todos los obstáculos para obtenerlo. Y yo me considero mi peor enemigo para ello, veo demasiado Netflix, pierdo demasiado el tiempo, me distraigo muy fácil.

Hay muchas cosas que me gustaría cambiar de mi personalidad. Pero si las cambio, ¿sigo siendo yo? ¿O es que hay otra yo en mi futuro? Y de ser así, ¿qué sucede con la encarnación presente? ¿Se integran? ¿Evolucionan? ¿Se pierde para siempre en el éter intangible de lo pasado para nunca volver a resurgir?

A veces extraño a mis yo pasados. Su sonrisa inocente. Su confianza intachable en la gente. Su mirada calmada. Su confianza en sí misma. Su ansia imparable de escribir sin sentido, de brotar poemas rimados al tronar de dedos, de inventar historias a las flores del camino, las gotas de lluvia en la ventana, a las palomas, a las lágrimas.

Tal vez al final, al buscarme a mí misma lo único que quiero es volver a ser la de antes.

Imagen: A little light for your worries de James Eads

Sueños

Últimamente he pensado mucho en perseguir nuestros sueños. Es difícil.

Es difícil enfrentarse a un mundo que prefiere el dinero, lo barato, lo inmediato a la calidad. Y digo que es difícil en todas las áreas de trabajo, desde el arte hasta la ciencia. ¿Cuántos proyectos no se han visto frustrados a la larga porque hubo una persona que no vio la ganancia escrita en dólares al frente de una inversión en pro de la ciencia/ salud/ educación/ artes?

Y la vida diaria no es diferente. A fin de cuentas, uno no puede comer sueños, ni pagar la renta con sueños, ni la luz, ni, en mi caso, el vestuario, ni las herramientas. A veces cuando los sueños conocen a la realidad resultan no adaptarse bien, o no quererse mucho… o de plano hasta odiarse.

En mi vida profesional, he tenido que elegir a veces por lo tangente, por lo que me deja dinero, en vez de lo que me deja felicidad y pasión. Y creo que es una opción que a la larga muchos tenemos que enfrentar.

Empecé este post con una predisposición a que mi maestría no era lo mío… y luego poco a poco pensé en mi pasión y la diferencia de esto que hago ahora con “mi pasión”… y me fui dando cuenta, poco a poco… que la diferencia no es mucha.

Mi pasión me hace despertar temprano y llegar a mis juntas / clases / ensayos. Mi maestría también.

Mi pasión me hace tener ganas de ir a trabajar todos los días, a aprender más. Mi maestría también.

Mi pasión no me cansa. Me puedo dedicar a ella todo el tiempo. Mi maestría tampoco.

Mi pasión me deja un dulce sabor en la boca a que llevo el día no trabajando, sino jugando en serio. Mi maestría también.

Mi pasión no me limita para dedicarme a mi maestría… y mi maestría no me limita para dedicarme a mi pasión. Es más, se complementan. Me hacen un elemento único.

Y no sólo eso, mi maestría me hace entender de una manera diferente a mi pasión. Me hace poder verla desde afuera y entenderla mejor, me ayuda a mezclar mi personalidad, mi trabajo, mi paciencia, mi creatividad, el trabajo en equipo, sin aires de grandeza ni egos inflados, y vivir.

A veces la necedad nos gana… llevo 7 meses pensando que dejaba de lado un sueño por necesidad de vivir. Me he dado cuenta que no es así. No es necesario dejar de lado “mi sueño”… porque a veces lo que hace falta es soñar “más grande”, soñar “más campo”, soñar mejor. Soñar de manera inteligente. Mezclar sueños, echarles una pisca de azúcar para que no te sepa el trago a amargo… y darte cuenta que al final, todos son sueños.

Y soñar. Soñar en grande.

Pd. Si quieren ver un video de un alemán que habla sobre soñar en grande, den click aquí (Y su sonrisa honesta al final, me encanta).